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jueves, 3 de noviembre de 2022

LA SEGUNDA CASACA. 1876. Benito Pérez Galdós

 

Siguen en esta novela las andanzas de D. Juan de Pipaón, pillo redomado que alumbró el absolutismo de la primera época de Fernando VII, la que va de 1814 a 1820. Aquí, gracias a su protector durante todo este trayecto, y llegados ya al año de 1819, decide pasar de creyente a ultranza y servil absolutista, a defensor sin par de las ideas liberales, introduciéndose en una de las sociedades masónicas que pululaban en aquel entonces en Madrid y en España. Las peripecias de su entrada en dicha sociedad, su encuentro con su amigo de juventud Salvador Monsalud, que no le cree en su papel de defensor del liberalismo, y la relación con la antigua novia de Salvador, Jenara, y con su abuelo, el Señor Baraona, forman el cuadro de la trama que Galdós hace que continúe en esta novela.

Como se puede ver, no se trata de la experiencia de un sólo personaje, como era el  de Gabriel de Araceli en la primera serie. Aquí, Galdós está intentando contar una historia desde el punto de vista de distintos personajes, y que sean ellos los que lleguen a sus propias conclusiones. Conclusiones que serán presentadas por Galdós como acertadas o no, pero de forma tan sutil que no cortan ni alteran el sentido de la trama en ningún momento.

Se describe en esta novela el ambiente masónico que se vivía en Madrid en la segunda década del siglo XIX y las intrigas, tanto palaciegas como liberales para conseguir el poder unos u otros. Por otro lado, Galdós deja claro que los conciliábulos masónicos no son tanto por adoptar dichas creencias o reglamentos, sino la asociación de todos aquellos que quieren que vuelva a instaurarse la Constitución de Cádiz de 1812.

Por último, aquí se describe el levantamiento de Riego, que tiene más de mítico que de real, pues estuvo a punto de fracasar. De hecho, si hubiera sido por las tropas que encabezó Riego y la campaña que este realizó, les hubiera bastado un soplido a las fuerzas absolutistas para echarlo a las mazmorras. Pero los auténticos hacedores del trienio liberal en España, de 1820 a 1823, fueron otros, que precisamente levantaron tropas desde norte, pero que la bruma de la Historia ha hecho que desaparezcan y que sólo quede el mítico alzamiento de Riego para la defensa de la Constitución.

Un secreto: Riego no moviliza sus tropas para reinstaurar la Constitución. Riego compartía el sentir de la mayoría de la soldadesca de no querer ir a América a luchar, y poder morir allí o durante el viaje. Por lo cual Riego subleva a los soldados con el objeto de no abandonar la península, no para defender unos ideales que le venían grandes, como posteriormente se vio.

jueves, 18 de agosto de 2022

CADIZ. 1874. Benito Pérez Galdós.

 
Y llegó el momento de recuperar a D. Gabriel de Araceli y los días que pasó en Cádiz mientras se daba cuerpo a la que será la primera Constitución del Estado Español, conocida popularmente por la Pepa, al ser promulgada por las Cortes de Cádiz el 19 de marzo de 1812.

La trama se sitúa en el año anterior a 1812, y como viene siendo habitual, y no por ello disminuye su mérito, el autor consigue pintar un fresco extraordinariamente detallista de todo lo que ocurría y de lo que "bullía" en las gentes que vivían en Cádiz en aquel 1811. Y consigue enlazarlo de tal forma con la historia del protagonista de esta serie de relatos, Gabriel de Araceli, que sin darnos cuenta pasa de realizar una crónica muy precisa de aquella ciudad durante aquel tiempo, pasa digo, a meternos de lleno en la historia particular del protagonista y su lucha por hacer realidad su amor por la protagonista, quizá no tanto, de estas novelas, y que tiene un nombre sonoro: Inés.

El caso es que al acabar la novela uno queda con la impresión de haber estado allí durante los días en que se establecieron las Cortes de Cádiz y de saber, más o menos, del pie que cojeaban cada uno de los habitantes, nativos o foráneos, de aquella ciudad sitiada, al igual que Zaragoza y Gerona, por los franceses, pero con un asedio mucho más ligero. Por dos razones principales, habían pasado tres años desde el levantamiento del 2 de mayo, la guerra se había convertido en una guerra "de desgaste"; y el sitio no era tal por mar, pues la flota inglesa ayudaba a llenar de víveres a la sitiada Cádiz.