domingo, 29 de diciembre de 2019

ESOS ADORABLES PEQUEÑUELOS. Cap. 3: "¡Estoy malita! ¡Estoy malita!"


Me he dado cuenta que si primero escribo, mejor dicho, "pego" las entradas correspondientes a las del primer año, las que se correspondan a las fechas actuales saldrán con retraso y no se podrán leer según corresponda.

Por tanto, y pidiendo disculpas por el posible lío que pueda provocar en aquellos que se decidan a seguir este blog, les tengo que anunciar que iré mezclando unas y otras. Como, además, también anunciaré por aquí cuando cuelgue un nuevo episodio de mi podcast "Píldoras de medicina", puede que la complicación será aún mayor. Por todo ello mis más sinceras disculpas. Pero estoy seguro que también les puede dar vivacidad y variedad al mismo. Y sin más, y aunque no toque empezaremos con la anécdota de hoy.



Hoy es una anécdota graciosa, no va seguida de ninguna reflexión ni de ninguna moraleja. Es simplemente una "gracieta" de un padre para su hija, si es que ésta se atreve a leer lo que escribí de ella años antes que empezara a leer.

Muy bien, pues pónganse ustedes en situación. Desde mi cama tengo una posición privilegiada para ver la puerta del cuarto de baño. Era sábado de madrugada, seis o siete -ya sé que a muchos padres les sonará la situación- y la niña se había despertado con tos. Su madre se había levantado esta vez y la estaba viendo en el cuarto de baño, intentando sonarle las narices.

De pronto la veo salir corriendo a saltitos, con su pijama y su muñeco de apego muy sujeto, y yendo al salón muy rápidamente, gritando asustada: "¡Estoy malita! ¡Estoy malita!" La situación era cómica y a mí me dio por reír.


¿Por qué? Porque su madre le había dicho que lo que le hacía toser eran mocos que tenía en las narices o en la garganta, o que quizás estaría teniendo un pequeño catarro. Ella le preguntó si eso significaba si estaba malita y su madre le contestó que sí. Ni su madre ni yo habíamos previsto una reacción tan exagerada, y, por supuesto sin sentido. Hubo que tranquilizarla y decirle que el estar malita no significaba que estuviera muy mala y que no estaba tan malita como para preocuparse.

Y ahí di gracias a Dios por la ingenuidad y credulidad de los niños. Pasó de estar muy preocupada a estar totalmente tranquila.

Y así acaba la enésima pequeña anécdota de esos adorables pequeñuelos.

Hasta la próxima ocasión, queridos amigos. Nos vemos en la red. 



miércoles, 18 de diciembre de 2019

ESOS ADORABLES PEQUEÑUELOS. Cap. 2: Los avances de 3 meses


Parece mentira todo el tiempo que ha pasado y que parezca que fue muy poco tiempo, casi como un sueño. Pero estas pocas letras me ayudan a reconocer que fue verdadero y ocurrió. Aquellos que tengáis hijos pequeños, un pequeño consejo: ¡No os los perdáis!


Hoy cumple 3 meses mi hija. Y con ocasión de esta celebración, deseo escribir una nota sobre las cosas que han ido ocurriendo en estos 3 meses y sobre ella, pero desde el punto de vista científico y sin entrar en detalles personales de si es guapa o es fea.
Lo que ocurre es que este blog se titula reflexiones desde la intimidad, y no sería así si no se llevara parte de los sentimientos de éste que escribe. Así ha ocurrido en algunas de las entradas anteriores y así será en ésta.
Porque lo primero que voy a escribir en ella es que vengo encontrando en mi hija una ansiedad y una intranquilidad que no me gustan. Tanto su madre como yo somos nerviosos, y a mí no me gustaría que mi hija “heredara” esa característica de nosotros. Pero claro, todos diréis que tiene todas las papeletas para ser también nerviosas, tanto por genética como por ambiente.
El caso es que en sueños presenta agitación, durmiendo llora. Incluso me he encontrado entrando en su habitación para intentar parar su lloriqueo y me he encontrado conque se encontraba soñando. Y le he puesto el chupete, la he tranquilizado, y sin dejar de dormir, he conseguido que dejara de llorar y de estar nerviosa y ansiosa.


Desde el primer momento ha sido muy despierta, muy atenta a todo, muy “adelantada” para su edad cronológica. Estaba al tanto de todo, quería saber todo lo que pasaba a su alrededor y no quería que se le pasara nada. Y creo que ha empezado a reconocer a la gente con anterioridad a lo que dicen los manuales de pediatría, aunque eso no lo puedo asegurar, pues en esos momentos no he estado muy al tanto de fijarme en ello.
Lo que si puedo decir es que ha emitido sonidos desde antes del mes de vida. Que al mes y medio ya pronunciaba la palabra “hola”, por supuesto, sin saber lo que decía. La siguiente en decir ha sido “agua”, a los dos meses. Y de dos a tres meses han aparecido “ajo” y por empeño de su madre, se ha conseguido que pronuncie su nombre, con la dificultad que supone, “Raquel”. Por supuesto, no sabe lo que significan ninguna de estas palabras, pero su pronunciación ya es un avance importante.
No hablemos de los gestos. Los entiende perfectamente. Cuando pones buena o mala cara, la comunicación no verbal la domina casi a la perfección, con lo que hay que tener cuidado y procurar no mostrar emociones ambiguas delante de ella, pues queda descolocada y su reacción es ponerse triste o llorar. Recordemos que es un bebé ansioso. Uno que me dedica muchas veces es que al dirigirme a ella es tras un gesto serio se ríe acercándose ambos brazos y manitas a la cara, tapándose con ellas la boquita, que abre riéndose.
Bueno, pues ese es el avance de mi hija hasta hoy, en el que cumple los 3 meses de vida.
Escrito en el año de nuestro Señor de 2017, a 19 de abril, en la festividad de San León.

San León IX, papa (1002-1054)

ESOS ADORABLES PEQUEÑUELOS. Cap. 1: Los auténticos progenitores



SSNEGIREVA/ISTOCK/THINKSTOCK

Tras pensarlo durante algún tiempo, creo que lo mejor es dar un relato lo más cronológico posible. Y como tengo las entradas correspondientes a su primer año, aquí os las iré dejando, poco a poco, para poder disfrutarlas. Y mientras, ir coleccionando nuevas aventuras de mi "progenie".

También decir que al provenir de un blog distinto, siempre acababa éste con la fecha en que lo publicaba. He decidido dejarla. Eso nos dará idea de cuando está escrito y de lo que sentía este sencillo bloguero en esos momentos.
Un saludo, y nos vamos viendo en la red.

Loba con sus lobeznos


Hace mucho, mucho tiempo que no me acerco por estos lares. Y tanto es así que ha nacido mi hija. Nació un 19 de enero. El 19 de enero pasado. Por cesárea urgente. Vino a lo grande, queriendo emular a su padre. Ahora estamos todos muy contentos, con las molestias típicas de los primeros quince días, los cuales cumplirá esta noche, pero felices por tenerla entre nosotros. Nos llena su cara redonda, sus mofletes, sus ojazos, su boquita que tan pronto se abre ocupando toda la cara como se mantiene pequeña como una pequeña intumescencia bajo la naricilla. Todos la queremos un montón. Y disputamos quien la quiere más. Todos según entiende el querer a una personita así.
Ha habido tal cúmulo de sentimientos, tal vorágine de sensaciones distintas, que es imposible expresarlas en unas cuantas líneas. Y ahora, pasado este tiempo más. Imposible encontrar cinco minutos de sosiego para poder escribir con serenidad sobre ella, y menos aun que llegue  la madre y espíe lo que escribes, como en este momento.
Es verdad que tener un hijo te cambia la vida. En muchos sentidos. Pero no en el sentido exagerado emocionalmente que te cuenta mucha gente. Te cambia la vida porque quieres a la personita de forma distinta a como has querido hasta entonces. De forma más responsable. Te hace ser más persona. De alguna manera te madura. Ahora, eso sí, te madura siempre y cuando te sientas realmente el padre de esa persona. Si eres como los típicos “guerreros medievales” que solo querían a sus hijos como números de descendientes, pues se sigue siendo el mismo personaje, sin que cambie no solo “tu vida” sino tu carácter, ni tu persona. En resumidas cuentas, aquello de “por mi hija/o, mato”, lo dicen aquellos que se sienten culpables porque no dan el cariño a sus hijos y los tratan como meras “propiedades”, tal como hacían los antiguos guerreros medievales. En realidad, no matan por sus hijos, matan por su orgullo herido.
El sentirse progenitor, que de eso es de lo que se trata, es mucho más el sentimiento de esa loba que cuida de sus lobeznos y que los traslada de cubil antes que el lobero descubra dónde están escondidos y pueda matarlos. Ése es el auténtico sentido de progenitor, el que protege a su descendencia. No el que mata por ella. El ser que mata es, pura y simplemente, destructor. El que protege es el auténtico progenitor, el auténtico padre, la auténtica madre.
Vocabulario:
  • Lobezno: Cachorro de lobo.
  • Cubil: Madriguera en la tierra, utilizada normalmente por fieras.
  • Lobero: Hombre que caza lobos por la remuneración señalada a quienes matan estos animales.
Escrito en el año de nuestro Señor de 2017, el 3 de febrero, en la festividad de San Blas.

San Blas

sábado, 14 de diciembre de 2019

ESOS ADORABLES PEQUEÑUELOS. Introducción.


Mientras me decido a arrancar nuevamente la serie de "La Cultura de los Pueblos", que la habíamos dejado hace ya largo tiempo en el final de los episodios dedicados a la etnia massai, hoy comienzo una nueva serie de entregas sobre los niños pequeños, más bien sobre mi hija pequeña.

Todas las personas con las que hablo me comentan, teniendo en cuenta su experiencia, que no deje pasar en lo posible estos años, que son los mejores (mi hija tiene casi 3 años). Pues después crecen y ya nada vuelve a ser igual.



Había comenzado una serie en otro blog distinto a éste, sobre las sensaciones que experimenté como padre primerizo y lo feliz que me hacía ver, no ya los adelantos, sino las anécdotas que me ocurrían con mi bebé. Quizá en algún momento me decida a trasladarlos aquí. La razón de hacer otro blog distinto a éste con ese objetivo era dejar éste única y exclusivamente para los temas de cultura que fuera desarrollando. Sin embargo, debido a que aquél terminó cerrándose, después de darle muchas vueltas, he decidido abrir aquí una ventana para escribir esos pensamientos y sensaciones que me vienen a la cabeza. La serie se denomina "Esos Adorables Pequeñuelos" porque, a pesar de que sea personal, también pretende transmitir experiencias que pueden ser comunes a un montón de padres.

No pretendo que mi progenie sea la más alta, la más lista, la más trabajadora, la más inteligente. Lejos de todo ello mi intención. Sólo pretendo compartir el sentimiento paternal que pueda mostrar a través de estas líneas.


Algo que me dijo mi mujer, y que hoy me hace que comience esta serie, es que más adelante, cuando mi hija tenga uso de razón, pueda leer estas páginas, y vea que su padre no sólo era esa persona que estaba a su lado en una serie de circunstancias y que la cuidaba, sino, además, pueda apreciar lo que la quería.

Para acabar sólo me queda saludar a todos aquellos padres y madres que disfrutan en el momento actual de esa "maravilla de la naturaleza" del crecimiento de un retoño humano.

Una última nota. Cualquier foto que salga con niños, ni será mi hija, ni hijos cercanos de amigos o conocidos. Estará obtenida de forma legal y será una generalización de los comentarios del texto. Todo por bien de nuestros niños y del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD).

Queridos amigos. Nos volvemos a ver en la red.