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jueves, 30 de junio de 2022

GUERRA Y PAZ. 1869. León Tolstói. Traducción por Lydia Kúper


Una obra magistral que se encuentra entre los grandes clásicos de la literatura mundial. Tanto es así que en 2009 (sí, el siglo XXI) estuvo entre las 100 novelas más vendidas. 

Y a Mario Muchnik, el que editó el libro con la traducción de Lydia Kúper (ambos ya fallecidos) y que tiene la portada que aporto, debo agradecerle el haberme aportado (sigo con el juego de palabras) la mejor versión hasta la actualidad de Guerra y Paz.

Aviso a navegantes: La edición de Random House es una traducción de un borrador, con menos páginas, ausencia de capítulos enteros, y un final distinto que desluce totalmente la obra. Lo digo porque estuve a punto de sufrirlo en mis carnes. La compré, y al empezar a leerla la tuve que dejar, pues me perdía. Me parecía infumable.

Cuando me decidí a retomar la obra, decide comenzar de nuevo, y con otra edición. Quedé sorprendido cuando, en las primeras páginas me noté que la historia, el relato, me enganchaba, que me resultaba interesante de leer y que, sobre todo, valía la pena continuar la aventura de sus personajes. Era la versión que aquí dejo, tanto con la portada como señalando que es la traducción de Lydia Kúper. Son más de 1800 páginas que se te hacen cortas. Sin embargo, las 1200 de Random House se me hicieron interminables, de hecho, no lo terminé.

Se trata de un relato de la vida aristocrática, pues sus protagonistas son aristócratas, de la aristocracia rusa de principios del siglo XIX, inmersa en aquella vorágine de emociones a las que se tuvo que enfrentar toda Europa con el advenimiento de Napoleón. La maestría de Tolstoi, que de pequeños en la escuela le apodábamos "León Tostón", se halla precisamente en la forma de contar todos los acontecimientos que viven sus personajes, la verosimilitud de dichos acontecimientos, así como el día a día de los mismos. Quedan retratados todos los que eran en aquel momento, típicos aristócratas: el soldado con un amplio sentido del deber; el hijo juerguista que usa la influencia de su padre para librarse incluso de penas de cárcel; el intelectual que se ha formado en París; el bastardo que le cuesta ser aceptado en los círculos de la alta sociedad; la hija abnegada que sólo vive para cuidar a su padre; la hija risueña y que está siempre entre nubes, sin bajar a la tierra y darse cuenta del significado de las cosas; el noble que despilfarra su herencia por mantener una posición social; el joven mujeriego y juerguista; el muchacho que desea conseguir la gloria en el combate; el que pretende hacer carrera militar pero en puestos relativamente cómodos sin contacto con el frente de guerra.

Es capaz de relatar el desarrollo de una batalla con toda su crudeza, la relación romántica entre dos jóvenes, o la situación de una ciudad en guerra, tomada por las tropas enemigas, Moscú, sin que exista ninguna pérdida de estilo, de calidad o de interés en la forma en que lo narra.

No hay que asustarse de la longitud de la novela. Más bien, hay que felicitarse por que podamos leer una obra de estas características.

viernes, 25 de febrero de 2022

DAVID COPPERFIELD. 1850. Charles Dickens

Tenemos ante nosotros una obra maestra de la literatura. Y eso se nota desde las primeras páginas. Para una sociedad como la actual, que está embotada con la acción, la espectacularidad, las tramas complicadas, es difícil entender que, únicamente describiendo las circunstancias que rodean al nacimiento del protagonista, Charles Dickens consiga enganchar al lector. Pero eso es lo que tienen los grandes escritores. No necesitan de fuegos de artificio.

Porque la narración de la novela se refiere a seres normales en circunstancias normales de la vida. La maestría de Dickens se aprecia desde las primeras líneas. Las comparaciones no aguantan con muchas de las novelas actuales. Pero es que estamos hablando al gran maestro de las letras y del relato social, junto con Victor Hugo, del siglo XIX. El que alguien, sólo con su capacidad para narrar las cosas, sea capaz de enganchar a un lector en una trama de la vida cotidiana, sin que existan grandes alaracas, ni espectáculos, ni fuegos artificiales, demuestra la gran calidad que tiene como escritor, pudiéndosele calificar no solamente de escritor, sino de artista de las letras.

Al igual que con Victor Hugo, me ha pasado con Charles Dickens. Me he acercado única y exclusivamente para conocer algo de su obra y en esas primeras páginas ya he quedado prendado, no sólo de la historia, sino de la forma tan precisa y preciosa de su forma de narrar, de relatar, de escribir una historia.

Atrévanse con ella. No les defraudará.