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sábado, 19 de septiembre de 2020

SANTA HILDEGARDA VON BINGEN

 

Desde que conocí la existencia de esta mujer, que en plena Edad Media desarrolla una labor diplomática, creadora, literaria, científica e incluso pone negro sobre blanco sus visiones, he de decir que me ha admirado su vida y he procurado ir sabiendo, poco a poco, a sorbos como se paladea un buen licor, la existencia y la obra de esta gran mujer.

Nace, como vamos a ver, al final del s. XI y su vida se extiende por todo el s. XII. Los siglos XII y XIII son conocidos actualmente por los historiadores del medievo como los grandes siglos en el avance de la sociedad europea. Y en esos avances, la mujer juega un papel mucho más fundamental del que podamos creer. No sólo en personajes famosos a través del tiempo, como Leonor de Aquitania o la misma Hildegarda von Bingen. La mujer sube un escalón y llega a ser, según queda reflejado en los libros de cuentas de la época, dueña de su propia vida, al llegar a poseer casas e incluso negocios, como herrerías, tal como está registrado en la zona de la, por entonces, incipiente Borgoña. Pero me estoy alejando del objeto de esta entrada: conocer la vida y obra de esta mujer, no de forma profunda, pues para ello necesitaríamos más de un libro, pero sí lo suficientemente atractiva para que nos pique la curiosidad, como me pasó a mí, y nos quedemos con más ganas de saber de ella. ¡Allá vamos!


HILDEGARDA DE BINGEN, SANTA ABADESA.

Festividad en el Santoral Católico: 17 de septiembre.


MARTIROLOGIO ROMANO

En el Martirologio Romano se puede leer: En el monasterio de monte San Ruperto (hoy Rupertsberg), cerca de Bingen, en Hesse, santa Hildegardis, virgen, que expuso y describió piadosamente en libros sus conocimientos experimentales, tanto sobre ciencias naturales, médicas y musicales, como de contemplación mística (1098-1179).

ETIMOLOGÍA

Su nombre, Hildegarda, proviene de la lengua alemana y significa "guerrera vigilante".

BIOGRAFÍA

Nace en Böckelheim sur Nähen, cercano a la población de Bingen, en el año 1098. Fallece en Rupertsberg, en el 1179 a la longeva edad, para su época, de 81 años. Su fiesta se celebra el 17 de septiembre.


Flechas azules: Böckelheim sur Nähen, lugar de posible nacimiento de Santa Hildegarda de Bingen
Flechas rojas: Ruppertsberg, lugar en que falleció Santa Hildegarda a la edad de 81 años.

Es desconocido el apellido de la familia de esta gran vidente y profetisa, a la que se la llegó a llamar "La Sibila del Rin" y "Profetisa teutónica". Los primeros biógrafos dan a sus padres los nombres de Hildeberto y Matilde (o Matilda), hablan de su nobleza y opulencia, pero no dan ningún detalle de sus vidas. Escritores posteriores la llaman Santa Hildegarda de Böckelheim, de Rupertsberg, o de Bingen, refiriéndose bien a su lugar de nacimiento, o bien al lugar dónde vivió y murió.

Las leyendas la convertirían en la condesa de Spanheim. J. May (Katholik. XXXVII, 143) muestra, mediante cartas y otros documentos, que ella probablemente pertenecía a una familia ilustre de Stein. Su padre estaría al servicio de Meginhard, Conde de Spanheim, de ahí que se produjera la confusión y que fuera asociada a la titularidad del condado de Spanheim.

Hildegarda fue una niña débil y enfermiza, lo que dificultó que recibiera la educación en su casa, tal como ocurría en los principios del siglo XII. Sus padres tenían inclinación religiosa y habían prometido a la niña para el servicio de Dios, lo que solía suponer el ingreso en un convento. Por ello, a la tierna edad de ocho años, en 1106, fue puesta bajo el cuidado de Juta, hermana del conde Meginhard, que vivía como monja en el Disenberg (o Disibodenberg, la Montaña de San Disibod) en la diócesis de Speyer. Tampoco aquí le fue dada a Hildegarda más que una mínima instrucción, debido a su delicado estado de salud, que llevaba con frecuencia a que la pequeña tuviera dificultad a la hora de caminar, e incluso presentara alteraciones de la visión. Se le enseñó a leer y a cantar los salmos en latín, lo suficiente para el canto del Oficio Divino, pero nunca aprendió a escribir.

Más adelante fue investida con el hábito de San Benito e hizo su profesión religiosa. Juta murió en el año 1136, e Hildegarda fue designada superiora a la edad de 38 años.

A partir de ese momento, numerosas aspirantes se unieron a la comunidad, y ella, abrumada por el alto número de novicias y monjas al que llegó su comunidad, decidió irse a otra localidad. Esta "escapada" se ve impelida además, como ella dice, por un mandato Divino. Escogió Rupertsberg cerca de Bingen en la orilla izquierda del Rin, aproximadamente a quince millas (unos 24 kilómetros) de Disenberg. Tras superar muchas dificultades y obtener el permiso del señor del lugar, el Conde Bernardo de Hildesheim, se estableció en su nuevo hogar con dieciocho hermanas en el 1147 o 1148 (1149 o 1150 según Delehaye), encontrándose en esa época entre los 49 y los 51 años. Probablemente en el 1165 fundó otro convento en Eibingen, en el lado derecho del Rin. De esta forma, a las dos orillas del Rin se podían encontrar fundaciones levantadas por Hildegarda.

La flecha verde nos señala la población de Bingen am Rhein, a la orilla del río Rhin, dónde se levantó la primera fundación de Santa Hildegarda.
La flecha azul nos señala el recorrido del Rhin, resaltado en el mismo color, desde su paso por Mainz hasta su llegada a Coblenza.
La vida de Hildegarda como niña, religiosa, y superiora se considera extraordinaria. Pasó mucho tiempo sola a causa de su frágil salud, y esa soledad le lleva a desarrollar una vida interior muy rica. Desde sus primeros años sufrió una serie de visiones que le producirán gran desasosiego y preocupación. Ella dice de sí misma:

"Hasta mi decimoquinto año vi mucho, y relaté algunas de las cosas vistas a otros, quienes inquirían con asombro, de dónde podrían venir tales cosas. Yo también me preguntaba y durante mi enfermedad le pregunté a una de mis enfermeras si también veía cosas similares. Cuando contestó que no, un gran temor me poseyó. Frecuentemente, en mi conversación, relataba cosas del futuro, las cuales yo veía como si fueran del presente, pero, notando el asombro de mis oyentes, me volví más reservada."  Ésto hace que se sienta mejor en soledad, y no le guste la interacción con grupos numerosos de personas.

Esta situación continuó hasta el fin de su vida. Juta, la hermana del conde de Meginhard de Spanheim, que la recibió en su convento y se ocupó de su educación desde los ocho años de edad, había notado sus dones y se los había hecho saber a un monje de la abadía vecina, pero no se hizo nada. 

Cuando tenía aproximadamente cuarenta años de edad, Hildegarda recibió un mandato, a través de sus visiones, de divulgar al mundo lo que ella veía y oía. Ella dudó, temerosa de lo qué las personas podrían pensar o decir, a pesar de que estaba plenamente convencida del carácter Divino de las revelaciones. Pero, continuamente urgida, reprendida, y amenazada por la voz que sentía en su interior, manifestó todo a su director espiritual, y a través de él al abad bajo cuya jurisdicción estaba puesta su comunidad. Entonces se le ordenó a un monje que pusiera por escrito cualquier cosa que ella relatara; algunas de sus monjas también ayudaron a Hildegarda en este trabajo de registrar las visiones. 

Visión de un ángel

Papa Eugenio III
Los escritos fueron sometidos al obispo de Mainz (la actual Maguncia), Enrique (1142-53), y al clero de de esa ciudad,  que los declararon como provenientes de Dios. La cuestión fue llevada también a conocimiento del papa Eugenio III (1145-53) quién estaba en Tréveris en el 1147. Albero de Cluny, Obispo de Verdún, fue comisionado para investigar e hizo un informe favorable. Hildegarda continuó sus escritos. 

Una vez que sus escritos fueron conocidos y difundidos, muchedumbres se congregaron en torno a ella, provenientes de los alrededores de Maguncia y de todas partes de Alemania y la Galia, para escuchar palabras de sabiduría de sus labios, y para recibir consejo y ayuda en las dolencias corporales y espirituales. No sólo acudía a ella gentes del pueblo, sino que también tuvo que aconsejar y asistir a notables de la Iglesia y del Estado. 

Así, por ejemplo, leemos que el arzobispo Enrique de Mainz, el arzobispo Eberhard de Salzburgo y el abad Luis de la comunidad de San Eucario en Tréveris, le hicieron visitas. Santa Isabel de Schönau era amiga íntima suya y la visitaba con frecuencia. No sólo dentro su comunidad daba consejo, sino también en el extranjero. Muchas personas, de todos los estamentos y en toda circunstancia, le escribían y recibían respuesta, por lo que su correspondencia es bastante extensa. 

Su gran amor por la Iglesia y sus intereses llevo a Hildegarda a hacer muchos viajes. Visitaba a intervalos las casas de Disenberg y Eibingen; recibió una invitación para ir a Ingelheim a conocer al emperador Federico I Barbarroja en 1150. El mismo emperador Federico que encabezaría la que sería tercera cruzada y moriría de forma estúpida en un río de la actual Turquía en 1190, al querer cruzarlo ataviado con su armadura al completo. Hildegarda viajó también a las ciudades de Würzburg, Bamberg, Ulm, Cologne (actual Colonia), Werden, Tréveris y Metz.

Los viajes de Santa Hildegarda
El asunto del interdicto

En el último año de su vida, en 1179, Hildegarda tuvo que atravesar una prueba muy dura. En el cementerio adyacente a su convento fue enterrado un joven que había estado una vez bajo excomunión. Las autoridades eclesiásticas de Mainz exigieron que se sacara el cuerpo. Ella consideró que no estaba obligada a obedecer, dado que el joven había recibido los santos óleos y con ello se suponía que estaba reconciliado con la Iglesia. Una sentencia de entredicho (interdicto) fue puesta sobre su convento por el capítulo del obispado de Mainz, la sentencia fue confirmada por el arzobispo Christian von Buch (1160-1182) que en ese momento se encontraba en Italia. Tras mucha preocupación y correspondencia Hildegarda logró que el entredicho fuera levantado. 

Aquí se hace necesaria una explicación sobre la pena de "entredicho" o "interdicto". Veamos en que consiste.

El entredicho o interdicto es una figura del derecho canónico, una censura eclesiástica, o castigo, por la cual las autoridades religiosas prohíben a los fieles la asistencia a la misa, a otra serie de celebraciones litúrgicas, la recepción de algunos sacramentos y la sepultura cristiana.​

La diferencia con la excomunión consiste en que el afectado no es expulsado de la sociedad cristiana, aunque en ambos casos los actos religiosos prohibidos son los mismos.

En la época de Santa Hildegarda (s. XII), el entredicho general prohibía administrar todos los sacramentos a excepción del bautismo a los recién nacidos y el viático (no la extremaunción) a los moribundos. A finales de dicho s. XII, los distintos papas fueron eliminando algunas de las prohibiciones, pues se dieron cuenta del efecto contraproducente que podría ocurrir, ya que al aplicarlo a una comunidad, que podía ser tanto eclesiástica como el pueblo llano, éstos podrían dar la espalda a la Iglesia y formar clero y creencias aparte, tal como sucedería siglos después, con la reforma protestante de Martín Lutero.

Atendiendo a su ámbito de aplicación el entredicho puede ser:

  1. Personal o ambulatorio, cuando afecta directamente a un individuo o a un grupo de ellos.
  2. Local, cuando va dirigido contra un determinado lugar, sea iglesia, provincia o estado; afecta indirectamente a las personas que se encuentren en él. Éste sería el que se le aplicaría a Santa Hildegarda, aunque posteriormente fue levantado. Importante señalar que no afectaba sólo a la santa, sino que afectaba a toda su comunidad.
  3. Mixto, cuando reúne las dos condiciones anteriores.

Independientemente de la clasificación anterior, atendiendo al rigor del castigo el entredicho puede ser:

  1. General o total, cuando prohíbe los oficios divinos, los sacramentos y la sepultura eclesiástica.
  2. Especial, particular o parcial, cuando sólo excluye de alguno de estos.
Una vez que consiguió librar a su comunidad del entredicho que se había aplicado sobre ella, Santa Hildegarda murió de santa muerte y fue enterrada en la iglesia de Rupertsberg a la edad de 81 años.


INFLUENCIA POSTERIOR

Hildegarda fue muy venerada en vida y después de su muerte. Su biógrafo, Teodorico, la llama santa, y se responsabiliza a su intercesión la realización muchos milagros. Gregorio IX (1227-41) e Inocencio IV (1243-54) ordenaron un proceso de investigación el cual fue repetido por Clemente V (1305-14) y por Juan XXII (1316-34). 

Ninguna canonización formal ha tenido lugar , pero su nombre está en el Martirologio Romano y su fiesta es famosa en las diócesis de Speyer, Maguncia, Tréveris y Limburg, siéndolo también en la abadía de Solesmes dónde un oficio propio es cantado (Brev. Monast. Tornac., 18 Sept.). 

Cuando el convento de Rupertsberg fue destruido en 1632 las reliquias de la santa fueron llevadas a Colonia y más tarde a Eibingen. En la secularización de este convento, fueron colocadas en la iglesia parroquial del lugar. En 1857 se realizó un reconocimiento oficial por parte del obispo de Limburg y las reliquias se pusieron en un altar especialmente construido para la ocasión. Fue en estas fechas cuando el pueblo de Eibingen la escogió como patrona. El 2 de julio del 1900, fue puesta aquí la piedra angular para el nuevo convento de Santa Hildegarda. Las monjas Benedictinas de San Gabriel en Praga, recordemos que Santa Hildegarda pertenecía a la orden de las benedictinas, entraron a la nueva casa el 17 de septiembre de 1904.

Actual convento de Eibingen

OBRA

Todos los manuscritos encontrados en el convento en Eibingen fueron transferidos en 1814 a la biblioteca estatal en Wiesbaden. De esta colección el primer y mayor trabajo de Santa Hildegarda es el "Scivias" (Scire o vias Domini, o vias lucis), parte del cual había sido presentado al arzobispo de Mainz. Ella lo comenzó en 1141, con 43 años, y trabajó en él durante diez años. Es una producción extraordinaria y difícil de entender, todo él está escrito de modo profético y admonitorio al estilo de Ezequiel y el Apocalipsis, en la Biblia.

El "Scivias" se estructura de la siguiene manera:

  1. En la introducción, ella habla de sí misma y describe la naturaleza de sus visiones. Tras esta introducción, siguen tres libros.
  2. El primero contiene seis visiones. 
  3. El segundo da siete visiones y tiene alrededor del doble del tamaño del primero. 
  4. El tercero, igual en tamaño a los otros dos juntos, tiene trece visiones. 

El "Scivias" representa a Dios en Su Santa Montaña con la humanidad en la base; narra la condición original del hombre, su caída y redención, el alma humana y sus luchas, el Santo Sacrificio de la Misa, los tiempos por venir, el hijo de la perdición y el fin del mundo.

Visión de la Santísima Trinidad, según el "Scivias".
Las visiones se entremezclan con admoniciones saludables para vivir en el temor del Señor. Los manuscritos del "Scivias" están también en Cues y en Oxford. Fue impreso por primera vez en París (1513) en un libro que contiene además los escritos de otras personas. Fue impreso de nuevo en Colonia en 1628, y fue reproducido por Migne, PL 197. 

El "Liber vitae meritorum" escrito entre 1158 y 1163, cuando la santa tenía 60 a 65 años, es una descripción pintoresca de la vida de un cristiano virtuoso y de su contrario. Fue impreso por primera vez por Pitra, "Analecta Sacra", VIII (Monte Cassino, 1882). 

El "Liber divinorum operum" (1163-70) es una contemplación de toda la naturaleza a la luz de fe. El sol, la luna, y las estrellas, los planetas, los vientos, los animales, y el hombre, son en sus visiones expresión de algo sobrenatural y espiritual, y como éllos vienen de Dios, deben conducir a Él. 

Su "Carta a los Prelados de Mainz" con respecto al entredicho puesto sobre su convento está ubicada entre sus cartas.

Al manuscrito de Wiesbaden, el "Liber Epistolarum et Orationum", le anexa siete pequeños ensayos: 

  • Sobre la Creación y la caída del hombre.
  • El trato de Dios a los renegados.
  • Sobre el sacerdocio y la Santa Eucaristía.
  • Sobre la unión entre Cristo y la Iglesia.
  • Sobre la Creación y la Redención.
  • Sobre los deberes de los jueces seculares. 
  • Sobre las alabanzas a Dios, con oraciones entremezcladas. 
El manuscrito de Wiesbadem

El "Liber Epistolarum et Orationum", también conocido como "manuscrito de Wiesbaden", contiene las cartas de y para Eugenio III, Anastasio V, Adriano IV, y Alejandro III, todos ellos papas, que fueron sucediéndose en el solio pontificio durante la vida de Hildegarda. También contiene cartas de y para el rey Conrad III y el emperador Federico I Barbarroja, ambos dirigentes del Sacro Imperio Romano Germánico. San Bernardo de Claraval, fundador de la orden del Císter, creador de la regla de la Orden del Temple y predicador de la segunda cruzada, la cual resultó un fracaso casi absoluto; también mantuvo un contacto epistolar, a través de cartas, con Santa Hildegarda. De la misma forma diez arzobispos, nueve obispos, cuarenta y nueve abades y prebostes de monasterios o capítulos, veintitrés abadesas, muchos sacerdotes, maestros, monjes, monjas, y comunidades religiosas recibieron correspondencia procedente de la monja de Bingen. 

"Vita S. Disibodi" y "Vita S. Ruperti": éstos "Vitae", lo que se conoce actualmente como biografías, Hildegarda declara ser revelaciones. Sin embargo, se cree que fueron probablemente producto de las tradiciones locales. Siendo, sobre todo la de San Ruperto, de fuentes muy exiguas; tienen sólo valor de leyenda. 

"Expositio Evangeliorum" cincuenta homilías en alegoría. 

"Lingua Ignota": el manuscrito, en once folios con una lista de novecientas palabras de un idioma desconocido, principalmente sustantivos y sólo unos pocos adjetivos, una explicación en latín, y en algunos casos en alemán, junto con un alfabeto desconocido de veintitrés letras impreso por Pitra. Una colección de setenta himnos y sus melodías. Un manuscrito de esto está también en Afflighem, impreso por Roth (Wiesbaden, 1880) y por Pitra. No sólo en este trabajo, sino en otros lugares Hildegarda exhibe elevados dotes poéticos, transfigurados por su persuasión íntima de una misión Divina. 

"Liber Simplicis Medicinae" y "Liber Compositae Medicinae"; el primero fue editado en 1533 por Schott en Estrasburgo como "Physica S Hildegardis".

El Dr. Jessen (1858) encontró un manuscrito en la biblioteca de Wolfenbuttel. Consta de nueve libros que tratan de las plantas, de los elementos, de los árboles, de las piedras, de los peces, de los pájaros, de los cuadrúpedos, de los reptiles, de los metales, impresos por Migne como "Subtilitatum Diversarum Naturarum Libri Novem." 

En I859, Jessen logró obtener de Copenhague un manuscrito titulado "Hildegardis Curae et Causae", y examinándolo comprobó satisfecho que era el segundo trabajo médico de la santa. Consiste en cinco libros y tratados de las divisiones generales de las cosas creadas, del cuerpo humano y de sus dolencias, de las causas, síntomas, y tratamiento de enfermedades. 

"38 Solutiones Quaestionum" son las respuestas a preguntas propuestas por los monjes de Villars a través de Gilberto de Gembloux sobre varios textos de la Escritura. 

"Explanatio Regulae S. Benedicti", también declarado revelación, exhibe la regla tal como la entendía y aplicaba en esos días con una superior y moderada inteligencia. 

"Explanatio Symboli S. Athanasii", una exhortación dirigida a sus hermanas en religión. 

La primera biografía de Santa Hildegarda fue escrita por los monjes contemporáneos Godofredo y Teodorico. 

Santa Hildegarda von Bingen


Pues aquí acaba el legado de Santa Hildegarda y, al mismo tiempo, acaba mi entrada sobre la santa. Si habéis llegado hasta aquí, espero que os haya gustado y que sigáis indagando sobre ella, pues material hay de sobra.

Muchas gracias por vuestra atención. Nos vemos en la red.