miércoles, 26 de noviembre de 2014

CURIOSIDADES SOBRE LA CIUDAD DE MANILA

Curiosidades que acabo de aprender esta semana. 



Manila, la capital de Filipinas, es la ciudad en donde primero se fundó una "Chinatown". Sí, un barrio chino como los de otras famosas ciudades con San Francisco, Barcelona, etc. ¿Por qué? Allá por el 1595 se dejó que los chinos se establecieran en Manila por parte de las autoridades españolas. Pretendían de esa manera abrir una ruta comercial y de intercambio con China. Se les permitió construir según sus propias costumbres, pagar propios impuestos, hasta comerciar con su propia moneda.


Chinatown en Manila
Otra curiosidad sobre Manila. Posee la universidad más antigua del continente Asiático. Allá por el s. XVII, ahí ya ando un poco menos ducho en cifras, a los dominicos se les ocurrió que una de las mejores formas de difundir la religión y la cultura de la metrópoli era fundar una universidad y así hicieron, permitiendo que desde allí se difundiera el saber de occidente, en una esquina del oriente y en competencia con el poderoso vecino chino.


Pontificia y Real Universidad de Santo Tomás
Por último decir que aunque España perdió las Filipinas en 1898, este país no consiguió la independencia real hasta 1946. Durante estos años los EE.UU. ejercieron una especie de "protectorado". 


El U.S.S. Raleigh en acción en 1898
A pesar de la independencia, Filipinas nunca se alejo de la órbita estadounidense y de ésta manera su idioma oficial, el tagalo, se comparte como lengua vehicular con el inglés, quedando marginada la lengua española.

Curioso ¿no?

martes, 18 de noviembre de 2014

EL ENGAÑO DE LOS OBJETIVOS

     La realización de un objetivo suele deparar, en la persona que lo consigue, la suficiente autoestima como para desarrollar tareas futuras con una mayor motivación y disposición para nuevos logros. Por el mismo motivo, el no alcanzar dicho objetivo, lo único que crea es frustración y desaliento. Todas las personas con estudios en psicología, aunque no sean psicólogos, lo saben.
                                      

     Sin embargo, estamos viviendo una época en que, teniendo los trabajadores mejor formados, parece que las personas que deben plantear dichos objetivos, es decir, los dirigentes, sean del cariz que sean, son los que menos idea presentan en cuanto al motivar y obtener los mejores resultados de un grupo de trabajadores.

     Y para plantear objetivos razonables simplemente hay que usar el sentido común. A un niño de 40 kg. no se le suele pedir que cargue a sus espaldas un fardo de 50 kg. Tampoco a un viejo de 80 años se le pide que cargue con ese mismo fardo. Bien está en que confiar en la bondad y responsabilidad humana es pecar de "buenismo". Pero el otro extremo, el considerar al hombre como un ser carente de valores, de autoestima, al que hay que forzar al máximo para obtener algún provecho de él, resulta sumamente desesperanzador y, no lo dudemos, contraproducente.



     No estamos viviendo una época de analfabetismo, como en siglos pasados, en donde leer y escribir correspondía a las clases dirigentes. En esos siglos pasados, el principal logro de cualquier familia humilde era conseguir que uno de sus miembros llegara a leer y escribir, para, de esa manera, liberarse de las cadenas de la ignorancia, que permitía en las clases dirigentes manipular a sus "súbditos", nunca mejor empleada dicha palabra.



     Actualmente, la gran mayoría de la población de los países desarrollados no sólo sabe leer y escribir, sino que tiene unos estudios lo suficientemente avanzados como para poder formarse una idea propia sobre las circunstancias que la rodean. Y si esas circunstancias no corresponden a su manera de enfocar la vida, luchar para cambiarlas. En suma, rebelarse.

     El forzar las condiciones de trabajo, el supeditar las mejoras laborales a la consecución de unos objetivos de todo punto inalcanzables, lleva, como dije al principio, al desaliento y , por último, a la frustración.

     Y no nos olvidemos, las grandes revoluciones, los grandes cambios sociales, a lo largo de la historia, han surgido cuando la frustración se ha adueñado de la base humana de la sociedad.



domingo, 9 de noviembre de 2014

EL LIBRO DE JOB

     "Tienes más paciencia que el santo Job".
     
     ¿Cuántas veces hemos oído distintas versiones de esta frase? Solemos usarla cuando es necesario armarse de paciencia ante un acontecimiento, un hecho, un obstáculo o un problema que surge en nuestra vida y al cual debemos hacerle frente con un poco de inteligencia y un mucho de paciencia. Solemos acordarnos de este varón de virtudes que nos presenta la Biblia, concretamente el Antiguo Testamento, creyendo que la característica fundamental de su carácter es, era, la paciencia. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.




     Vayamos por partes. El libro de Job forma parte del conjunto de libros sapienciales que tiene el Antiguo Testamento. Dentro de este grupo se incluyen libros como el de la Sabiduría o el libro del Eclesiastés, en los cuales se pretende dar una serie de consejos para vivir de forma virtuosa y alcanzar la felicidad. Otros grupos son los libros históricos, los proféticos y otros más que no vienen al caso.
     ¿Por qué se incluye al libro de Job dentro del grupo de los sapienciales? Al ser Job un varón virtuoso, ¿no estaría mejor agrupado dentro de los proféticos? ¿O quizá, dentro de los históricos?
     


     Quién haya leído el libro de Job, se habrá dado cuenta que no relata ninguna historia. Salvo al principio en que hace una introducción al personaje de Job, contando quién es y como ha llegado a la situación de la que parte el relato; y al final en que, de forma muy sucinta, comenta la conclusión de la historia y su vida después del episodio al que se refiere el libro. Todo el libro es una discusión entre Job y tres amigos suyos. En esta discusión Job no para de lamentarse un momento de su situación de abandono. Y se interroga; por otra parte como hace el hombre de hoy; que si Dios, si Yahvé, es justo, porqué le ha dejado llegar a la situación de desamparo en que se encuentra: pobre, despreciado por todos, llagado y enfermo.
     


     Sus amigos tratan de razonar con él. Conforme se lee lo que le dicen los amigos, uno se va dando cuenta de que se trata de las mismas explicaciones que nosotros, en el s. XXI, damos a esa constante pregunta: si Dios existe ¿por qué permite el mal?
     Cada uno de los tres amigos le presenta un aspecto distinto de la supuesta "justicia divina". Cada uno de ellos trata de rebatir los pensamientos que surgen de un hombre cansado, repudiado, desesperado. Porque Job no se muestra paciente en ningún momento. Da la réplica a sus interlocutores, y les desarma con deducciones contundentes. Y siempre acaba con un lamento de desesperanza hacia Dios, hacia Yahvé.




     La supuesta "paciencia" de Job brilla por su ausencia. Job no se conforma con sus suerte. No ve que Dios, que Yahvé, le corresponda al comportamiento que Job tuvo cuando le iban bien las cosas. Cree ser merecedor de un premio, no de un castigo como el que sufre. Cree que Dios ha sido injusto con él, y le reclama a Dios justicia, le reclama a Yahvé el "lícito" y correspondiente intercambio: "Yo me he portado bien, Tú me tienes que favorecer".
     Al llegar a este punto, un joven, que ha estado observando, entra en escena. El lector cree que está llegando a la conclusión. Pero no es así. Job también rebate, e incluso recrimina, el razonamiento del joven. Job no está de acuerdo con todo lo que ha oído y su queja continúa, ahora creyendo de forma indiscutible que tiene razón y que no existe derecho para que él sufra la suerte que está viviendo en ese momento.

     Será por sus brillantes razonamientos, será por su continua reclamación de mejor suerte, o será por su continuo dirigirse a Dios, a Yahvé, para pedirle explicaciones; sea por lo que fuere, Dios, Yahvé aparece al final de la obra para responder a Job. 




     Y no se presenta como conciliador. Le rebate todas sus quejas de forma categórica. Con una única idea: Dios no pide permiso para hacer lo que hace. Dios no es un comerciante que intercambia favores. Nadie, ni siquiera el hombre más justo sobre la faz de la Tierra, nadie puede pedirle cuentas a Dios.
     Dios amonesta a Job, no por sus pensamientos, ni por sus reclamaciones, ni siquiera por su desesperanza. Dios amonesta a Job por querer ponerse a Su altura, por pensar que la relación con Él, con Yahvé, consiste en un trueque de mercancías en que una parte está obligada por la otra a cumplir el contrato. Job quiere que Dios actúe según él considera justo y Yahvé le recuerda a Job que nadie puede juzgar las acciones divinas, y mucho menos establecer con Él una relación de trueques, una relación comercial.

     El libro de Job nos viene a enseñar, entre otras cosas, que el hombre es criatura de Dios, y como tal, no puede pretender comprender el porqué del comportamiento divino.
     Al final del libro, y cuando Job reconoce su arrogancia, al haber querido pedir cuentas a Dios, y pide disculpas, le es devuelta su salud, su familia y su fortuna. Se trata de un final "feliz" añadido en los últimos renglones del libro, pero que no altera para nada el mensaje sapiencial de la historia de Job.

lunes, 27 de octubre de 2014

HOY HA SUBIDO AL CIELO UN ÁNGEL


Era una personita menuda, no podía decir frases largas, se equivocaba al articular algunas palabras. Había pasado toda su vida en el mismo lugar, con salidas esporádicas al exterior. Según la medida de los hombres, tenía un coeficiente intelectual bajo, la habían diagnosticado de retraso mental. Por ello estaba, tal como lo llaman ahora, institucionalizada.

A lo largo de su vida había sufrido diversas enfermedades, una de ellas, del hígado, era la más preocupante. Por aquellas cosas que pasan a los más sencillos, una operación le había dejado un enorme bulto en su abdomen. Casi siempre iba acompañada de otra persona, de características similares que la providencia le había dado como hermana.

En el tiempo que la conocí, cerca de cinco años, había salido al exterior para ir a distintas excursiones a la gran ciudad, y también, y eso era lo que le hacía más ilusión, para ir a la playa. “La paya” decía ella, con una gran sonrisa, que reflejaba su gran ilusión por ver el mar.

Y en esos cinco años que la he conocido, nunca la he visto una mala cara. Cara de preocupación, sí. Pero cara de enfado, de enfurruñamiento como los chicos pequeños nunca. Siempre te recibía con un saludo y con una gran sonrisa, te llamaba por tu nombre y te cogía la mano.

Hace unos meses estuvo muy malita, ya se le venían presentando las complicaciones. Tanto era así, que desde el hospital nos dijeron que había poco que hacer. Yo la estaba esperando con miedo. Me tocaba recibirla. Cuando entré, esperando ver a una persona postrada en la cama, con cara de sufrimiento y dolor, no fue eso lo que me encontré.

Ella me recibía con los brazos abiertos, con una de sus amplias y contagiosas sonrisas y llamándome por mi nombre. No sólo su ánimo estaba por encima de la enfermedad, sino que lo irradiaba a los demás. Ese es uno de los momentos que ya han quedado grabados en mi memoria.

Por todas esas razones, independientemente que se crea o no en ello, hoy sé con seguridad que un ángel ha subido al cielo.

miércoles, 22 de octubre de 2014

REFLEXIONES DE MOUNA SALEH


DJIBOUTI

 Mouna Saleh Hassan es una chica que estudia 2º de Bachillerato en Ali-Sabieh, una ciudad de Djibouti, el pequeño país situado en la entrada del mar Rojo, entre Etiopía, Eritrea y Somalia.

   ¿Por qué la traigo a este post? bien. Hace aproximadamente dos meses leí una carta que le publicaron en una revista mensual de ámbito más o menos restringido. En ella, con sencillez, pero también con mucha claridad nos habla, y me habló, en la distancia de su cultura y de la globalización.    Me llamó la atención lo bien que supo distinguir en dicha carta los peligros de la globalización, la cual quizá no sea tan positiva como creemos. Quizá nos estamos acercando más al "mundo feliz" de Huxley de lo que nos pueda parecer, a ser quizá demasiado homogéneos en todo.
  
   Su carta es un canto a la diversidad y al mismo tiempo, a la armonía.
   Sin más paso a transcribir sus palabras esperando que os sirvan a todos vosotros.
   Un fuerte abrazo y os dejo con Mouna.


ALI-SABIEH
<<Nuestro modo de vida es distinto del de los occidentales. Nuestra cultura nacional incluye los cantos, juegos, vestimenta, que vienen de nuestra tradición originaria, especialmente de los pastores nómadas, de los guerreros, de los mercaderes de las costas y de los caravaneros. Porque los habitantes de nuestro país no tienen todos el mismo origen. Nuestra cultura se enriquece con varias tradiciones: somalí, afar, árabe, que reflejan un mismo género de vida y una pertenencia común al islam. Las culturas extranjeras no están ausentes.
   La situación de nuestro país, nuestra religión e historia explican que las dos lenguas oficiales sean el francés y el árabe. Las lenguas maternas empleadas por la casi totalidad de los yibutianos son el somalí, el afar, y el árabe. Nuestra religión es la musulmana. Nosotros y los cristianos tenemos diferente religión, diferente cultura y diferentes formas de vida. También hemos intercambiado la cultura occidental. Tenemos diferentes formas de vivir e incluso de pensar.
   Gracias a la globalización existe un intercambio cultural entre países. La globalización cultural corresponde a la emergencia de una cultura homogénea, la cultura mundial, nacida de la aportación de las diversas culturas nacionales. Pero a causa de la dominación del mundo por Occidente, la uniformidad cultural se refiere, con mucha frecuencia, a la occidentalización de la cultura y, más precisamente, a la americanización del mundo, es decir, a la difusión planetaria de la cultura americana.
   Hablar de uniformidad cultural puede también referirse a los productos, las prácticas, las formas de vida, los gustos, las normas, los valores. Incluso en los Países en Vías de Desarrollo se asiste a una occidentalización de la cultura, en el ámbito del consumo, en la alimentación, en la ropa, en la música, en el cine. En estos últimos tiempos se ve que incluso Yibuti se ha americanizado. Los yibutianos se visten igual que los americanos y tenemos también los mismos platos que los occidentales, como la pizza.


YIBUTI (Capital)


   Los medios de comunicación juegan también un papel muy importante. La televisión es hoy un medio de comunicación importante utilizado en todo el mundo, y las informaciones se conocen al mismo tiempo y con gran rapidez en todo el mundo.>>