sábado, 17 de octubre de 2015

LCP (La Cultura de los Pueblos). EL PUEBLO SAM (III): La redacción de la niña sam (1ª parte)

Escuela en Botswana

La maestra de la escuela a dónde voy me ha pedido que escriba un relato de lo que he vivido junto a mi grupo, junto a mi familia. No sé por dónde empezar. Tampoco sé concretamente lo que quiere. ¡He llevado una vida tan sencilla hasta llegar al internado! Bueno. Allá va.

Familia de sam en labores cotidianas
Nací en uno de los últimos grupos Sam que existen, en mitad del desierto del Kalahari. Cuando crecí mi madre me contó que estábamos en una reserva. Yo no comprendía. Mi madre me explicó que era una gran extensión de terreno. Mucho más grande de lo que yo podía abarcar con la vista. Y que estaba hecha para evitar que los animales se acabaran. “¿Se acabaran? ¡Pero si hay multitud!” pensé entonces. Más adelante conocí a los otros hombres. Primero los guardas de la reserva. Venían y hablaban con el chamán del grupo. Él sabía todo lo que había que saber para vivir. Después unos grupos de hombres y mujeres extraños, muy pálidos, y que tenían unos instrumentos que al apretar un lado de ellos, salía una pintura pequeñita; yo tengo algunas que me enviaron. Luego conocí que se llamaban cámaras y servían para parar y guardar el momento. Y por fin, vinieron otros hombres y mujeres que hablaron con mi madre y mi padre, y les convencieron para que viniera aquí. Recuerdo la mirada de tristeza de mi abuela cuando me alejé del grupo montada en uno de sus coches, rumbo al internado, abandonando la que había sido mi vida hasta ese momento.

¿Que cómo había sido mi vida? Ahora os lo cuento.

Choza de invierno

Formaba parte de un grupo que no solía quedarse quieto en un sitio. Recorríamos toda la extensión del Kalahari. Nos guiaba nuestro anciano más sabio. Los blancos suelen llamar a esta figura chamán. Él sabe dónde se encuentran los pozos de agua, las mejores zonas de caza, dónde se pueden encontrar los panales de miel. En resumen, el mejor guía para nuestro grupo. En invierno nos indicaba las mejores zonas dónde acampar. Porque en invierno la temperatura del Kalahari baja mucho, por debajo de los cero grados. Y nos construimos refugios de palos y ramas, para que el calor de la fogata que hacemos en el centro no se disipe y nos mantenga calientes durante la noche. El resto del año es mucho mejor. Podemos estar durmiendo allí dónde nos pilla la noche. Para eso hacemos cada uno de nosotros un hoyo en el suelo, al lado de la fogata y nos cubrimos con una capa de piel. Es una sensación agradable, el contacto con la arena. Te acuna. Te hace sentir parte de ella. Sientes que formas parte de todo lo que te rodea. Y así pasas la noche.

-¡Vamos, perezosa!

Mujer bebiendo de un huevo de avestruz
Es mi abuela que me despierta. Mantengo la sensación de adormecimiento durante un ratito, y luego me pongo a mirar a mi abuela. Está preparando sus utensilios. Entre ellos, el que más me llama la atención es un huevo grande, con un agujero en dónde va metiendo los frutos que encuentra en sus largas caminatas. Estos los llamamos “ga” y “bi”. Ésta última es una raíz. Para nosotros supone un manjar. Aquí, en la escuela del internado, he aprendido que se trata de raíces, tubérculos, pepinos y melones silvestres. Mi abuela está casi preparada, así que me levanto, me aseo y me dirijo a ella.

Avestruz a la carrera
-¿Dónde vamos hoy?
-¿Te gustaría ver un avestruz? –me responde.
-¡Me encantaría! –son unas de las aves que más me gustan. Su porte desgarbado desaparece cuando comienzan a correr por la sabana.
-Pues hoy iremos en busca de nidos. Ya es hora de que tengas tu propio huevo de avestruz.
-¿De verdad?
-Sí.

Y así iniciamos el recorrido de ese día. Podíamos estar todo el día andando de un lugar a otro. En el internado me dijeron que en esos paseos llegábamos a recorrer veinte kilómetros. En esa época yo no era consciente de la cantidad de distancia que andábamos. Sólo que pasábamos el día buscando frutos, lagartijas, huevos de ave o crías. Cuando mi abuela consideraba que ya tenía suficiente volvíamos a donde estaba el grupo.

Anciana sam

miércoles, 23 de septiembre de 2015

LA CULTURA DE LOS PUEBLOS: EL PUEBLO SAM (II) El encuentro con el europeo

Situación del lago Tanganica en África
El origen del pueblo bosquimano se encuentra en una zona africana muy distinta de la que ocupan actualmente. En su origen estaban distribuidos en distintas tribus que se encontraban situadas alrededor del lago Tanganica. 
Este lago, situado en la zona del Rift de África Oriental les proporcionaba todo tipo de recursos, vegetales y animales. Eran tres tribus principales, los Hadzapis, los Tindigas, y los Hotentotes. Estos últimos son nómadas y ganaderos, y actualmente no alcanzan las 30.000 personas. Su modo de supervivencia era la caza y la recolección.

Lago Tanganica visto desde la estratosfera
Al ser distintas tribus, tenían distintas lenguas, el Aven, el Narón, el Heikung, y el Kung. Sin embargo, se vieron obligados a emigrar hacia el sur por el empuje de otro tipo étnico, de otra raza humana, los bantúes, que acabarían imponiendo su hegemonía. A pesar de ello, hasta el siglo XVII hallaron refugio en el cono sur de África, disfrutaban de un amplio territorio, toda la zona que hoy ocupan Namibia, Bostwana, Zimbabue, Mozambique y Sudáfrica. En esa zona prosperaron hasta alcanzar los dos millones de personas. Y digo hasta el siglo XVII, porque en esas fechas se produjo un acontecimiento que cambiaría su vida por completo, y que, por supuesto la empeoraría: la llegada del hombre blanco.

Llegada de Jan van Riebeeck a Bahía de la Mesa.
Este hombre blanco provenía en principio de Holanda, de los Países Bajos. En un primer momento se asentó en la zona de la actual Ciudad del Cabo. Era una parada comercial, rumbo a las Indias Orientales, donde estaba el auténtico comercio de los Países Bajos. Pero la población en Ciudad del Cabo fue desarrollándose. Esta ciudad, instalada frente al cabo de las Tormentas, posteriormente conocido como cabo de Buena Esperanza, fue adquiriendo importancia, sus colonos fueron multiplicándose tanto por la llegada de nuevos individuos procedentes de la metrópoli, como de los nacimientos. Comenzó el avance hacia las tierras del interior. Tierras que poseían un clima benigno, con una gran cantidad de recursos, y en donde el asentamiento del europeo prometía ser parecido a lo que se podría llamar "tierra prometida". Y se produjo el enfrentamiento.


Los sam se encontraron con un ser superior técnicamente, superior en agresividad, y que entendía que la tierra le había sido "legada" a él. Y que tenía derecho a expulsar de "sus" tierras a cualquiera, fuera hombre o animal, que le quisiera disputar la posesión de las mismas. Y aquí nace el acontecimiento que narra Sir Laurens Van der Post en su libro "El corazón del cazador".
El enfrentamiento de dos culturas, una de ella asociada a la tierra, que tiene a la tierra como compañera de vida, que está adaptada a la misma. Otra cultura, que usa la tierra, saca el máximo provecho de ella, y cuando no le sirve porque ha esquilmado todos sus recursos abandona el terreno baldío y se dirige a otro lugar, a otra "tierra prometida". Pero éste episodio nos permite apreciar la sensibilidad, la poesía de la cultura sam. Su relato sobre el origen de la vida es un cántico al universo. El pensamiento del hombre sam no se queda en lo inmediato, los frutos, las piezas de caza, o sus semejantes. El sam comprende que todos formamos parte de un universo y que todos tenemos un origen común.


Cuando el pastor protestante, con una Biblia en su mano izquierda y un rifle en su mano derecha, oyó el relato del sam; cuando lo mostró a sus convecinos para demostrarles la superioridad de la cultura del hombre blanco sobre esa criatura a la que se negaba a reconocer como perteneciente a la misma especie, a la que le negaba su dignidad como hombre, quiso con ello reafirmar su derecho a dominar la tierra, a poseer la tierra. Y en este arrebato de, ojalá hubiera sido locura; en este arrebato de pasión fanática de sus propias creencias, acabó condenando a la hoguera al pobre chamán sam, al pobre chamán bosquimano, que le había relatado, con toda la humildad y con toda la sencillez del hombre que se sabe compañero, y no dueño, de la tierra, el origen de la vida según las creencias de este pueblo del que estamos hablando. Ese relato del origen de la vida, por el cual perdió la suya el chamán sam, es el que sigue:

"Según dicen nuestros mayores, antes de que hubiera animales que corrieran por las praderas, antes de que hubiera plantas que cubrieran el suelo, no había nada más que dos cosas: la luz y el agua, el sol y el mar. Un día la luz se enamoró del agua, el sol se enamoró del mar. Y tuvieron lugar las más felices, profundas y placenteras bodas que hayan ocurrido jamás. Los rayos del sol, como el miembro viril de un gran dios, penetraron en el lecho de las aguas. Y de aquellas bodas surgió la vida, que somos todos nosotros."

Ante aquel relato, el pastor protestante condenó al chamán bosquimano a ser quemado vivo. Para él, hombre civilizado, proveniente de otras tierras, la lujuria envolvía todo el relato del chamán y de ese ser que, según sus creencias, era inferior y no merecía ni siquiera el don de la vida. Pero poco sabía ese pastor protestante que realmente la vida en nuestro planeta Tierra surgió en el seno de las aguas. Y menos aún que la gran energía del sol, de los rayos del astro rey, era la responsable del desarrollo y dispersión de la vida a lo ancho y lo largo de nuestro planeta. Por eso cabría preguntarse ¿por qué el chamán bosquimano, el culturalmente retrasado según el criterio europeo de entonces, sí lo sabía? ¿De dónde le venía esa creencia, esa "sabiduría" que haría que su vida acabara a las manos de otro semejante, originario de una tierra a miles de kilómetros de distancia? No. No hay que buscar mensajes de fuera de la tierra. La unión del pueblo sam con la tierra, así como la de los distintos pueblos indígenas; la identificación del chamán, que en los pueblos indígenas es el depositario de la tradición; la "sabiduría" natural del hombre que pasa su vida en contacto directo con la naturaleza le lleva a pensar que realmente el origen de la vida debió ser la conjunción de distintos fenómenos de la propia Tierra que sustenta al hombre y del propio Sol que suministra a la Tierra la energía necesaria para que se desarrolle el milagro de la vida.


martes, 8 de septiembre de 2015

LA CULTURA DE LOS PUEBLOS: EL PUEBLO SAM (I)



La primera vez que tuve conocimiento del pueblo bosquimano fue en mi infancia. En mis manos cayó una revista para niños, llamada “Aguiluchos”, que contaba historias de África, de sus pueblos, y de unos misioneros, concretamente los Combonianos, que dedicaban su vida a evangelizar a la gente de África. Y junto al Evangelio, se ocupaban de hacer prosperar las comunidades y de defender sus derechos frente a los explotadores, ya fueran autoridades locales o representantes de las potencias colonizadoras cuya única meta era lucrarse y asegurarse un cómodo retiro en las metrópolis de donde provenían. Sería largo de contar, y nuestra entrada de hoy pretende comenzar un relato de los Sam.




Los sam, o bosquimanos, “bushmen” (hombres de bosque, de maleza) como les llamaban los colonos ingleses, los descubrí, como decía antes, en uno de los reportajes de Aguiluchos. Se trataba de un grupo humano que vivía en una de las zonas más extremas del planeta, en el desierto del Kalahari.

¿Y dónde está el Kalahari? El Kalahari es un desierto que ocupa gran parte del territorio de dos países vecinos del sur de África, Bostwana y Namibia. Se trata de un desierto arbustivo. ¿Una contradicción? No, en absoluto. Es una de las zonas más desoladas y con menos recursos para la vida del ser humano, sólo superado quizá por algunas zonas del Sáhara y del desierto de Taklamakán, en China. Así me lo presentaba el reportaje. Cuando más adelante fui recopilando más datos sobre el Kalahari, descubrí que se trataba de una sabana semidesértica, repleta de arbustos espinosos, con algún baobab salpicando el paisaje de vez en cuando. Durante la estación seca, la temperatura puede alcanzar los 50ºC, y la sequía es extrema. La estación de las lluvias, que da algo de respiro al ambiente, va de finales de agosto a diciembre.


Sin embargo, el reportaje me describía a los sam, o bosquimanos, como seres míticos. Se trataba de hombres menudos, no muy altos, enjutos, el rostro aplanado, con ojos rasgados, párpados ligeramente hinchados que le dan a su mirada una intensidad difícil de encontrar, y con un pelo rizado y corto que cubre una cabeza redondeada. Pero si la descripción del aspecto nos dejaba en la imaginación la figura de un ser mítico, más aún se intensificaba esa imagen cuando se describía sus enormes facultades físicas y su sabiduría.

Los sam eran cazadores-recolectores. Sabían extraer el veneno de unos coleópteros, de unas especies de escarabajos, que era muy potente y sabían untarlo adecuadamente en la punta de sus flechas. Cazaban con arco y flechas. Se acercaban lo más posible a su presa, que podía ser un óryx u otro tipo de antílope, y disparaban su flecha que iba a clavarse en el cuerpo del animal. No importaba dónde. Y no importaba porque ahora venía el lance de caza que más asombro me producía, y me sigue produciendo al día de hoy. 


Comenzaba la persecución del antílope. No importaba la velocidad del mismo. El sam, mediante los rastros de sangre y las huellas que dejaba el animal, lo perseguía. Y se ponía a correr tras de él como un fondista, como un atleta de maratón. Sólo que, a diferencia del maratoniano, que recorre 42 km en tres, cuatro o cinco horas, el sam, el bosquimano, era capaz de recorrer el doble o el triple de esa distancia y mantener el ritmo de la persecución 24 o 48 horas. Mantener el ritmo de la persecución el tiempo necesario para que el veneno se distribuya por el torrente sanguíneo del animal, produzca su efecto ponzoñoso, y caiga agotado. Agotado por el efecto del veneno, y agotado por la gran resistencia y persistencia de un ser cinco o seis veces más pequeño que él, y que ha sido capaz de derrotarle en esa gran carrera que ocurre, y ocurría, todos los días en el planeta Tierra: la carrera por la supervivencia, la carrera por la Vida.

Nos quedamos con esta imagen, la de un hombre menudo, enjuto, que armado únicamente de un arco y unas flechas, es capaz de abatir a uno de los seres, uno de los antílopes, más poderosos del lugar donde vive, de su hábitat.

Hasta la próxima entrega.

lunes, 31 de agosto de 2015

LA CULTURA DE LOS PUEBLOS


Definición de pueblos indígenas (Stephen Corry):
Descendientes de quienes estaban en el lugar antes de la llegada de otros que ahora constituyen la sociedad mayoritaria y dominante. Se definen por:
1º/ Su ascendencia.
2º/ Rasgos particulares respecto a los que llegaron más tarde.
3º/ Visión que tienen de sí mismos.

Cuando hace algún tiempo decidí abrir una ventana personal al mundo de internet a través de este blog, me impuse como meta personal hablar de cultura general y valores humanos, desde una visión tranquila, relajada, que permitiera conocer todo lo bueno que el hombre puede haber aportado durante su desarrollo, tanto al mundo en el que vive como a sus propios congéneres.

Después de un tiempo de diferentes reflexiones sobre el particular, y queriendo iniciar una serie de relatos que tuvieran un nexo de unión y que sirvieran a todo aquél que se
acerca a este humilde rincón de la red para conocer todo lo que se había planteado en un primer momento, resolví hablar de los pueblos indígenas. Era un tema que me había atraído de joven, pero por los distintos vaivenes que tiene la vida, quedó aparcado.

Vi que podía ser interesante para el lector el conocer la diferente manera de pensar o de vivir de los distintos pueblos que habitan la tierra y que aún conservan parte de su cultura, sin que haya sido contaminada por las "delicias" del progreso. Y digo contaminada porque en líneas generales, ellos, los pueblos indígenas, han pagado en mayor o menor medida la factura del progreso y desarrollo de sus sociedades y, sobre todo, de las nuestras. Pongamos como ejemplo el oro. Aún en nuestro s. XXI, cerca del 90% de las industrias que comercian con el oro -es decir, que hacen que este preciado metal llegue a nuestras joyerías y nosotros lo podamos adquirir en forma de cadena, pulsera o anillo de pedida con el que queremos representar nuestros sentimientos más puros y sinceros- obtienen este producto a través de explotaciones auríferas cuyas condiciones laborales hacen que las personas que trabajan en ellas dejen literalmente trozos de su salud en esa labor. Como único detalle decir aquí que la sustancia que se utiliza en esos yacimientos para separar el oro del resto de los materiales con los que se encuentra mezclado es azufre. Este azufre, en contacto con la piedra, se convierte en vapores tóxicos. Vapores tóxicos que son inhalados por los trabajadores. Es verdad que en una temporada de dos o tres meses pueden sacarse el sueldo de un año, y a un nivel de tres a cinco veces superior a cualquier otro trabajo que pudieran encontrar. Pero su "vida laboral" es corta y acaban indefectiblemente enfermos y abocados a una muerte prematura. Y una gran mayoría de estos trabajadores provienen de la población indígena de la zona.

Como este ejemplo ilustra, nuestra cercanía e influencia sobre el futuro, y más bien, sobre la vida de los pueblos indígenas, es mucho mayor de lo que en un primer momento pudiera pensarse. Por ello, creo importante el adentrarse en un viaje en que se recorrerán las costumbres, hábitos y, si fuera posible, pensamientos de estos hombres frente a la naturaleza que les rodea, frente a sus vidas y, nuevamente si ello fuera posible, frente al progreso y desarrollo que, por desgracia, suele presentarles la cara más amarga y menos amable del mismo.

Se tratará de un conjunto de relatos en los que intentaré reflejar los conocimientos actuales sobre los pueblos indígenas de los que hablemos, así como su situación actual respecto a los Estados-nación que los incluyen en sus fronteras territoriales.

Para documentarme sobre el particular, poseo una enciclopedia de aquellos tiempos de juventud en donde se describen las costumbres de estos pueblos desde un prisma de respeto y empatía que es el que yo quisiera dar a mis relatos. Pero consciente que desde entonces han pasado muchos años, más de treinta, y que no sólo los conocimientos y planteamientos habrán variado, sino que además, y vuelvo a decir por desgracia, la influencia negativa tanto desde el punto de vista de pérdida de costumbres ancestrales en aras de una dudosa "globalización", como del enfrentamiento directo contra estas comunidades, hace que la situación de estas poblaciones sea muy distinta actualmente a la de hace tres décadas.

Por ello, y ayudado por la época de internet, he buceado en páginas de organismos oficiales y organizaciones no gubernamentales (WHO, Survival, etc.) para intentar tener datos e historias actualizadas. En esta búsqueda por la red he encontrado una obra -"Pueblos indígenas para el mundo de mañana" de Stephen Corry- que ha  hecho que cambie el punto de vista de estos relatos y que ha provocado un cambio en el prisma en que pretendían ser orientados en un primer momento. De simples relatos basados en las costumbres de pueblos que mantenían la característica paleolítica de cazadores-recolectores o neolítica de primeros agricultores, pasaban a ser relatos sobre pueblos indígenas en su sentido más auténtico. ¿Cuál es ese sentido? Consiste simplemente en darse cuenta que estos pueblos, aunque conserven las formas de vida de cazador-recolector o de agricultor de los tiempos prehistóricos, eso no significa que sean primitivos, atrasados o se hayan quedado a un lado en la evolución y desarrollo humanos. Simplemente significa que aquellos que han querido, y les han dejado, conservar sus costumbres ancestrales las han elegido en contraposición de la forma de vida "civilizada" del resto del mundo. El tiempo histórico también ha transcurrido para ellos y también han sufrido una evolución, como muestra la intervención de los líderes indígenas en aquellos foros nacionales e internacionales donde les han permitido expresar sus ideas, opiniones y sentimientos.

De ahí que en estos relatos haya decidido incluir un punto de vista más actual no sólo en los datos demográficos o antropológicos, sino también en su situación actual y su posicionamiento frente al progreso y desarrollo de los estados en los que están incluidos sus territorios. Por ello, creo que la definición con la que abría esta presentación, que se encuentra en el texto referido anteriormente, y cuya autoría es de Stephen Corry, es la más adecuada para definir las distintas comunidades humanas sobre las que vamos a intentar un acercamiento desde los puntos de vista a que nos hemos referido anteriormente. Y vaya desde aquí mi agradecimiento a este autor por haber aumentado mi visión sobre los pueblos indígenas, así como por haberme hecho entender aspectos de la dignidad humana que están por encima de las premisas del progreso, pues éste último surge de la humanidad y no al revés.

martes, 25 de agosto de 2015

CUEVAS (X): EL BRUJO DE "TROIS FRÈRES"

Photo R. Bégouën dans Vialou, 1991.

Cuando me estaba documentando para esta serie de relatos sobre la cueva de Nerja, y concretamente, cuando trataba de encontrar las características del periodo Magdaleniense, tanto las generales en toda Eurasia, como las particulares que correspondían al Levante Español y a la zona de Nerja, recordé una historia que había oído más de treinta años atrás. Se trataba de la historia de un dibujo. Un dibujo que había dejado en la pared de una cueva francesa un hombre del magdaleniense. Un dibujo semihumano, que los sabios han dado en llamar "El brujo de trois frères", el brujo de la caverna de los tres hermanos. Y decidí dejar un poco la cueva de Nerja, para buscar y ver ese dibujo.

Henri Breuil
La gruta de los tres hermanos está situada en los Pirineos medios franceses, cercana a la localidad de Montesquieu-Avantès. Se encuentra a una altura de 465 metros. Fue descubierta en el verano de 1912 por tres hijos del conde de Bégouën, de ahí el nombre que posee de "los tres hermanos". Fue estudiada por el arqueólogo Henri Breuil en profundidad durante la década de los veinte del siglo pasado. El abate Breuil precisó la datación de la cueva en el periodo magdaleniense, entre 17.000 y 10.000 a.C., realizando una serie de dibujos en los que intentó representar los grabados y pinturas rupestres de la cueva. Entre estos dibujos se encontraba el del "brujo de trois frères", también llamado, simplemente, "hechicero".

Dibujo realizado por Henri Breuil en 1922

Cuando ví ese dibujo, quedé estupefacto. La figura que se hallaba ante mis ojos era aún más representativa de la historia que escuché en un frío invierno de 1980. La imagen correspondía mucho más a la narración de la historia a la que yo, con mi imaginación infantil, había dibujado en mi cerebro. El Brujo de Trois Frères hacía acto de presencia ante mí, me maravillaba como hacía tiempo no me había maravillado ninguna otra cosa, y volvía a demostrarme la gran sabiduría de la persona a la que oí la historia. Tanto es así que, repasando documentos mucho más actuales, de los últimos quince años, siguen insistiendo en la teoría de que se trata de un dios cornudo, un brujo danzante, o incluso un chamán en trance. El abad Henri Breuil, en 1922, llegó a decir que se trataba de "la divinidad contemplando la creación." Pues bien, nada más lejos de la realidad.


Figura imaginada por el autor a los 12 años

La historia del brujo de Trois Frères la oí por primera vez en mi vida a mediados de un mes de febrero, cuando yo tenía doce años. Si la memoria no me falla, era una tarde de jueves y yo cogí el transistor y lo llevé a mi habitación. Sintonicé la emisora, Radio Nacional de España, y al poco rato comencé a oír la música conque comenzaba el programa. Se trataba de "La Aventura de la Vida", programa de radio dirigido y presentado por el Dr. Félix Rodríguez de la Fuente. En él estaba narrando la que sería su penúltima aventura. Junto a un naturalista de los Territorios del Noroeste, en Canadá, John Frasier, había ido a observar y a filmar la migración de los caribús a través de la tundra canadiense. Y allí, John Frasier le contó la vivencia que luego nos relató a nosotros, a los oyentes de su programa de radio. Lo describe de forma tan magistral que prefiero que se él mismo, gracias a la magia de los programas grabados y a los podcasts de internet, el que les haga disfrutar del auténtico significado del brujo de la Gruta de Trois Frères; el cual no era un brujo, ni un dios cornudo, como nos cuentan los tratados de prehistoria. Se trataba de alguien mucho más cercano a nosotros, lo que no quita mérito al mismo, sino, muy al contrario, le da toda la dimensión y toda la dignidad que merece.

Imagen basada en el relato de John Frasier a Félix Rodríguez de la Fuente

Yo acabo aquí, pero esta entrada no acaba aquí, es necesario conocer la historia que nos relata Félix en su programa (Aventura en Canadá. 14/02/1980). Disfruten con ella y admirense junto a ese niño de doce años que la oía a través de un viejo transistor.