martes, 6 de septiembre de 2016

KARMA Y DESTINO, SIGLO XXI Y SIGLO XIX

Ornamento con hojas de cardo. Alart du Hameel
Ornamento con hojas de cardo. 1490-1494, Buril. Alart du Hameel
Lo llaman karma los pseudointelectuales del siglo XXI, pero en realidad es el destino de los románticos del siglo XIX. ¿Por qué? Analicémoslo un poco.
Karma es algo así como lo que el mundo, el ambiente que te rodea, las fuerzas vivas e invisibles de la madre naturaleza, del orbe, de la energía vital que mueve al planeta Tierra te hace llegar a tu vida. Tú recibes ese karma en forma de situaciones, circunstancias, sucedidos, hechos que van ocurriendo en tu vida. O sea, colegio, estudios, exámenes, trabajo, novi@s, matrimonio/s más o menos avenidos, hijos, hipotecas, coches, etcétera, etcétera, etcétera.
Destino es algo parecido. El mundo en el que vives te tiene preparado una serie de circunstancias, hechos, sucedidos, situaciones que se concretan en colegio, estudios, exámenes, ¿nos va sonando? Es decir, que, hagas lo que hagas el destino te va a poner las cosas como tiene que ponértelas. Al igual que el karma.
Pero hay una gran diferencia entre el karma y el destino. Hay una gran diferencia entre nuestro actual pensamiento kármico y el fatalista del siglo XIX. El actual karma te lo creas tú. Pero, ¿qué dices? Sí, querido amigo, sí. Si tú te portas mal con el mundo, con el universo, el universo se ocupa de devolvértelo en malas circunstancias que te van pasando en tu vida. Es decir, si me ocurren malas cosas, si mi vida es un asco, si me va mal, es por culpa única y exclusivamente mía, porque tengo un mal karma. Y porque ese mal karma me lo provoco yo. Única y exclusivamente yo. ¡Sensacional pensamiento en el hombre libre del siglo XXI! La culpa la hace recaer sobre sí mismo. Si te va mal en la vida, te j....., pues la culpa es tuya. ¿Y ésta es la libertad tan preconizada por el hombre del siglo XXI?
El destino. Me diréis que el hombre romántico del siglo XIX vivía traumatizado por el destino. Vivía determinado por su destino, marcado por el mismo. Pero, aunque os dé la razón, porque la tenéis, hay una gran diferencia. El hombre romántico, y no me refiero al que manda flores, me refiero al movimiento romántico representado por lord Byron y similares; el hombre romántico lucha contra su destino. Y no solamente lucha contra su destino, sino que no se hace responsable de lo que el mundo, el universo, los hados, los dioses le tienen preparado. No se carga con ninguna culpa, porque él no es el que provoca nada. El hombre romántico se ve rodeado por las circunstancias, obligado a actuar por los hechos, pero nunca, nunca, se carga con la culpa de ser él el que ha provocado tal estado de cosas. En definitiva, el hombre romántico se siente completa y absolutamente libre, ante todos y ante todo, ante los hombres, ante el mundo y ante el universo.
¿Quién preferimos? ¿Alguién que intenta cambiar su "karma" porque cree que él lo ha provocado? ¿O alguién que se muestra capaz de luchar ante cualquier circunstancia para vivir su ideal, por encima del mundo y del universo?
Ahí os dejo hoy la reflexión, en el año de nuestro Señor, 2016, a 6 de septiembre, en la fiesta de S. Zacarías.
La Adoración de los Magos. 1475. MOMA
La Adoración de los Magos. 1475, Óleo sobre tabla. El Bosco. (Nueva York, The Metropolitan Museum of Art)

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