miércoles, 14 de enero de 2015

TRAS EL ATENTADO DE PARIS

"La felicidad nace y fructifica cuando haya paz en el corazón."

Una frase en un calendario de sobremesa viene a ser en este caso muy adecuada a los tiempos que vivimos.

Todas las personas, o una gran mayoría, vivimos horrorizados los acontecimientos del día siete de este mes. Diecisiete personas eran asesinadas a sangre fría, y la imagen de una de ellas, rematada en el suelo, nos llena de pavor e indignación.

La reacción inmediata a todos los niveles fue rápida y espontánea. Los distintos gobiernos, incluidos algunos afines a la ideología de los autores de la masacre, condenaron de forma contundente la acción. Los ciudadanos del mundo occidental se echaron a la calle para protestar y mostrar su total rechazo a este tipo de acciones y a los que las realizan. Las fuerzas del orden, en cincuenta y dos horas abatieron a tiros a los tres asesinos. Los jefes de estado de los distintos países se unieron a una manifestación multitudinaria que llenó las calles de París.

Los siguientes días han servido para que el mundo occidental se dé cuenta de la amenaza...

¿Por qué dejo en puntos suspensivos la frase? Pues porque me gustaría que todos y cada uno de los que leyeran este blog la terminaran. Y una vez terminada, una vez añadido el término que les pareciera más oportuno, lo leyeran, y reflexionaran sobre lo que han querido decir al poner o escribir esa palabra.

Me explico. Estoy, entre otros, en uno de esos grupos telefónicos donde un administrador te mete  y ya empiezas a recibir en tu móvil mensajes, vídeos, fotos más o menos graciosas (estas Navidades han sido un buen periodo para ello), y una vez metido, quizá tú cuelgas algo de vez en cuando o simplemente lees, ves o escuchas algo que te llama la atención.

Pues bien, en uno de esos grupos alguien colgó un vídeo sobre la entrada de las fuerzas del orden al supermercado judío en el momento en que abaten al terrorista que había matado a cuatro personas en ese lugar. El texto con que esa persona, tan occidental y cumplidor de la ley como cualquiera de nosotros, explicaba de que iba el vídeo destilaba dos cosas que me hicieron sentir náuseas. Me hicieron sentir el mismo tipo de náuseas que cuando he presenciado las "explicaciones" a las "ejecuciones" del estado islámico. Las dos cosas que destilaba ese texto eran odio y regodeo. Odio al añadir una calificativo al terrorista y regodeo al mostrar el placer que se sentía al ver matar a un hombre. Si nos dejamos llevar por esos sentimientos ¿somos tan distintos de los que asesinan a miles de kilómetros de distancia?

Sin embargo, tengo que acabar esta entrada con una manifestación de esperanza hacia el ser humano, y hacia nuestra civilización occidental, tan denostada en otros aspectos. Hoy, miércoles ha vuelto a salir a los kioscos la revista que sufrió el atroz atentado del siete de enero. Las cuarenta y ocho horas previas, uno de los dirigentes de dicha revista dijo que volverían a sacar viñetas de Mahoma, para demostrar que el atentado no sólo no había servido para hacerles callar, sino que toda la reacción pública e institucional que se dio había tenido sentido y que seguirán en su misma línea.

He de confesar que, en un primer momento, me pareció ganas de provocar, de hurgar en la herida abierta. Incluso se podía llegar a interpretar como una falta de respeto ante la muerte de sus compañeros, de esas doce personas. Pero cuando vi la portada, y oí las declaraciones de quién había creado y dibujado la portada, entendí todo.

La imagen, a estas alturas todo el mundo la conoce, se trata de una caricatura de Mahoma, lloroso, vestido de blanco. De blanco, el color de la paz. Toda su figura ocupa la portada que tiene un fondo de un único color, sin ningún otro dibujo que pueda distraer la atención del lector sobre la figura del profeta. Ese color es el verde. El verde, color que en muchos lugares de este mundo nuestro se asocia a la esperanza. Paz y esperanza.

Pero aún queda un último detalle, el texto. Escrito en la parte superior, indicando que lo está diciendo Mahoma, pero sin nube, sin ninguna forma salvo las letras del propio texto, como señalando que es la humanidad entera quien lo dice. Y tres únicas palabras:
"TODO ESTÁ PERDONADO".

Hace mucho tiempo que nadie había dicho tanto con tan poco. Hace mucho tiempo que tres palabras no habían significado tanto para el mundo. Hace mucho tiempo que nadie nos había dado una lección tan sencilla, tan humilde, pero a la vez tan potente, de humanidad.

Vaya mi pequeño homenaje para el autor de tan extraordinario mensaje.

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