miércoles, 3 de septiembre de 2014

CALUMNIAR

Calumniar: (Del lat. calumniāri).1. tr. Atribuir falsa y maliciosamente a alguien palabras, actos o intenciones deshonrosas.

Calumnia, que algo queda: 1. expresión usada para comentar sentenciosamente que siempre permanece algo de la falsedad divulgada con mala intención.


Aunque este blog se llama cultura y serenidad, no tengo hoy más remedio que hablar de la calumnia como forma de atacar, ofender, dañar a otra persona. Pero ¿y si no se pretende nada de eso?

Hoy he "padecido" dos ejemplos de ello. Uno es un ataque hacia una persona que la mayoría de los que la conocían consideraban como santa. De hecho, muchos que sólo la conocían por su labor o por lo que decían de ella los medios de comunicación, incluso sin estar de acuerdo con sus ideas y creencias, creen que es un auténtico ejemplo de santidad para el siglo XX. Y muchos han usado su figura para criticar los excesos de las jerarquías. Quién sea un poco avezado habrá comprendido que estoy hablando de Teresa de Calcuta. Una monja pequeña, nacida en Albania y que ejerció su labor por los más pobres y desfavorecidos en Calcuta. Fundó una orden religiosa y conforme esta orden fue creciendo y expandiéndose, fue siendo conocida.

Pues bien, hoy he encontrado un blog en que dicen que tienen la verdad sobre todos los temas, que el resto estamos desinformados y que esta persona era todo lo contrario a lo que se ha venido viendo durante tanto tiempo. Discurre por la red un vídeo hablando en estos mismos términos. No pienso decir el blog, ni el vídeo, pues ni es función de este blog, ni quiero dar publicidad.

Porque de lo que quiero hablar no es del daño que se pueda haber hecho a esta figura por la publicación de dichas opiniones, sino del hecho mismo de la calumnia.

El otro ejemplo que os cuento se refiere a hace mucho tiempo, remontándome a mi adolescencia. Hoy he encontrado, navegando por la red, unas "declaraciones" calumniando a una persona que yo conocí y de la que tengo muy buena opinión. Aparte que sea verdad o mentira lo que se decía, lo que me ha llamado la atención es que se decía de forma subrepticia. Se dejaba entrever, se hablaba con segundas intenciones. No se decía claramente sólo se insinuaba. Y se manifestaba que no se diría más.

Tal como define la RAE en el diccionario calumniar es "atribuir falsa y maliciosamente...a alguién..actos...deshonrosos". Y yo preguntaba: ¿Y si ni siquiera se trata de atribuir maliciosamente? ¿Y si se tratara únicamente de darse importancia?

El ser humano es capaz de hacer grandes cosas. Pero también es capaz de hacer cosas miserables. No me refiero a la calumnia en sí. Me refiero a la intención. Incluso si  ello se realiza con intención de dañar a la otra persona, al menos, el ser humano habría salido de su círculo propio para "proyectarse" hacia otras personas, con más o menos "acierto". Pero si de lo que se trata es, simple y llanamente, de tener algo de lo que hablar y de esa forma ser el centro de atención, la persona no ha salido de su propio círculo, refleja que es una persona egocéntrica que no le importa tachar a unos o a otros con tal de que se le tenga en cuenta, y lo que es más, que dicha persona tenga "audiencia". La tan manida audiencia que actualmente tanta importancia tiene.

Y aquí llegamos a algo profundo en el ser humano. La necesidad de notoriedad, el deseo de popularidad, aquello que hace que compitamos unos contra otros para destacar más que los demás.

La historia del ser humano, tanto como individuo como especie, es una historia de superación. Gracias a ese deseo de superación hemos conseguido alcanzar la luna, vencer enfermedades infecciosas que diezmaban a la población hace aproximadamente setenta años, volar por encima de la velocidad del sonido, y comunicarnos entre continente -sí, entre continentes- de forma instantánea gracias a este invento de internet.

Pero esa superación, mal llevada, nos ha conducido también a destruirnos, a competir y ver en el congénere un enemigo al que hay que eliminar, y a crear armas cada vez más potente. Ese afán de superación, mal llevado, nos ha conducido a destrozar el planeta en el que estamos para construir un "ambiente" a nuestro gusto, y nos conduce a agotar las reservas energéticas para generaciones sucesivas. En suma, a destruirnos y destruir todo nuestro alrededor.

Es ese mismo instinto de superación, casi de supervivencia, el que nos lleva a buscar notoriedad. En el hombre antiguo, el que era notable en el grupo era el que tenía los mejores privilegios. Tenía acceso al mejor alimento, a la mejor zona de descanso, a la mejor hembra. Y el que no lo era quedaba relegado a una segunda posición, a tener que estar "bajo" la tutela del macho dominante. Hasta que llegaba un momento en el que el macho dominante se mostraba débil. Podía ser por una herida en un enfrentamiento con otros animales, por una enfermedad, o simplemente por la edad. Pero en ese momento, el segundón sabía que era la oportunidad, que había que enfrentarse al dominante para desbancarle y ocupar su puesto. Y que valía la pena intentarlo.

Quizá ese sea el origen del gusto del ser humano por calumniar a aquellos que destacan en algo. Sea en el círculo pequeño de amistades, en el círculo social de su comunidad, o sea en el "circo" de los personajes famosos, existe cierto gusto al saber los trapos sucios, y mayor todavía si eres el que descubre esos supuestos "trapos sucios". Es la manera que tienen los segundones de hacerse notar. ¿O no? Todo es opinable.

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