miércoles, 27 de agosto de 2014

LA VERDAD
En los tiempos que corren es normal que andemos saturados de información. Y los "gurus" de la información saben hacer muy bien su trabajo.
Saben como "engatusarnos" para que creamos esta cosa o aquella. Y con tanta información, la gente suele quedarse con una parte de ella. La que más le conviene, la que cree más justa, incluso la que le permite estar más a gusto con su conciencia.
Pero si realmente empezamos a comparar toda la información que nos llega de distintas partes, nos encontraremos conque es contradictoria. Contradictoria sobre su forma de plantear las cosas, contradictoria en su forma de ver la realidad, en fin contradictoria al enfrentarse unos grupos humanos contra otros.
¿Por qué? El ser humano suele creer que, por definición, siempre tiene razón. Es algo que necesitaba en los albores de la civilización. Tenía que ser terco, tenaz, para conseguir que unas semillas germinaran en la tierra. Tenaz, para sobreponerse a las chanzas que le plantearían sus compañeros de tribu, cuando preferían las actividades de caza, siempre mucho más atractivas que el quedarse a ver como crece la hierba, y como esa hierba se convierte en grano.
Esa tenacidad es la que hizo que poco a poco, la civilización, en el término más positivo, fuera avanzando. Parece ser que primero hubo la simbiosis con ciertos animales que se convirtieron en animales domésticos, como le ocurrió al lobo, que pasó de ser una de las fieras con las que se competía para obtener el alimento, a un ayudante imprescindible en las tareas de caza, cuidado de ganado e incluso la guerra. Pero eso precisó de ingenio y paciencia. Ingenio y paciencia que permitió al ser humano obtener uno de sus más poderosos aliados para su desarrollo.
La agricultura parece que vino después. Para ello, había que ser una especie de iluminado. La maduración de los frutos de la tierra requiere tiempo y cuidado, metodología y disciplina. Lo dicho, tenacidad para lograr que la hierba dé fruto y todos podamos beneficiarnos de ese resultado.
Podría seguir mucho más, pero paro en este punto para volver a la pregunta que hacía más arriba.
La contradicción a la que me refería más arriba no es tal. Cada grupo humano y cada pensamiento surge de la experiencia de cada uno. Nosotros somos lo que pensamos. No sólo como individuo, sino lo que pensamos como comunidad. Nacemos en una sociedad en concreto y estamos adscritos a una civilización determinada. No es lo mismo nacer en EE.UU., Europa, África o Asia. No es lo mismo nacer en una urbanización, en un suburbio o en el seno de la comunidad de alto standing de una capital. Nuestra educación está marcada por todo ello. Por eso, la contradicción existe por encima de los intereses de unos y otros. Y lo más sorprendente de la contradicción es que no es tal.
Si conseguimos comprender al que tenemos enfrente, si rechazamos nuestros clichés culturales, en ese momento descubriremos que todos, absolutamente todos, pensamos lo mismo. Nosotros "sabemos la verdad" y el de enfrente "está equivocado". Por eso la VERDAD es tan difícil de precisar.

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