jueves, 28 de agosto de 2014

"La medida del amor es el amor sin medida...". SAN AGUSTÍN

Hoy me he encontrado con esta frase de S. Agustín. Y me ha recordado una vieja canción que dice que no hay nada mejor "...que el amor sin medida...". Es del grupo Revolver, de su albúm Básico y la canción se titula: "El roce de tu piel". El disco se escuchó de manera profusa en el verano de 1993, pues tenía unos cuantos temas que valían la pena, y que han resistido el paso de los años, convirtiéndose en clásicos de Carlos Goñi, el vocal y lider de la banda.
 Es curioso, porque no creo que se hayan inspirado en S. Agustín, que personas tan distintas lleguen a la misma conclusión. Porque ambos, desde puntos de vista distintos, una canción de amor y una expresión religiosa, lleguen a ensalzar algo tan difícil de definir como es el amor.
Una de las historias más tiernas que me contaron en mi niñez tenía como protagonista a S. Agustín. La transcribo tal como viene en el Santoral de http://www.iesvs.org/:

 San Agustín y el niño
La historia de San Agustín con el niño es por muchos conocida. La misma surge del mucho tiempo que dedicó este gran santo y teólogo a reflexionar Agust%C3%ADn_Ni%C3%B1o_Gozzolisobre el misterio de la Santísima Trinidad, de cómo tres personas diferentes podían constituir un único Dios.
Cuenta la historia que mientras Agustín paseaba un día por la playa, pensando en el misterio de la Trinidad, se encontró a un niño que había hecho un hoyo en la arena y con una concha llenaba el agujero con agua de mar. El niño corría hasta la orilla, llenaba la concha con agua de mar y depositaba el agua en el hoyo que había hecho en la arena. Viendo esto, San Agustín se detuvo y preguntó al niño por qué lo hacía, a lo que el pequeño le dijo que intentaba vaciar toda el agua del mar en el agujero en la arena. Al escucharlo, San Agustín le dijo al niño que eso era imposible, a lo que el niño respondió que si aquello era imposible hacer, más imposible aún era el tratar de descifrar el misterio de la Santísima Trinidad.
A mí me lo contaron como que S. Agustín trataba de comprender a Dios, no el misterio de la Santísima Trinidad. Y el niño, para dar la respuesta a la pregunta de S. Agustín, se convertía en un ángel. Da igual. Lo importante es ver hasta que punto el ser humano puede dejarse llevar de sus propias sensaciones, pensamientos, deseos, y puede dejar de ver sus limitaciones, tal como le pasaba al niño de la historia.
Ello me vuelve a llevar al último post. En él hablé de la contradicción como algo inherente al hombre como especie, y de sus raíces en el principio de las andanzas del hombre sobre la Tierra. Hoy nos encontramos con nuevas contradicciones, que llevan a un mismo lugar. Tanto el grupo pop de la canción como S. Agustín llegan a la misma conclusión: El auténtico amor es el amor sin medida. Aunque eso lo dejaré para otro día.
Nuestra historia, aunque de un origen indudablemente religioso, se puede aplicar a cualquier ser humano, ya sea religioso, creyente, agnóstico o ateo.
De hecho, todos aquellos que han sido alguien en el campo de la ciencia y de la filosofía suelen reconocer humildemente sus limitaciones. La cita de una carta de Isaac Newton fechada en 1676 en la cual escribe "...Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes.", que fue también utilizada por otros prohombres tanto de su época como de épocas pasadas, es uno de los ejemplos mejor conocidos por todos.
En realidad la cita de estar "sobre hombros de gigantes" proviene de un sabio del s. XII, Bernardo de Chartres, a quién su discípulo Juan de Salisbury, en la obra escrita por éste último -Metalogicon (III, 4)- dice:
"Decía Bernardo de Chartres que somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no porque la agudeza de nuestra vista ni por la altura de nuestro cuerpo, sino porque somos levantados por su gran altura."
El propio Newton, el gran responsable científico de todo el desarrollo del ser humano desde el s. XVII hasta el s. XX, reconocía con humildad que gracias a todo lo aportado por los hombres de ciencia que habían existido antes que él, había podido alcanzar a determinar algo tan importante como la ley de gravitación universales, las leyes de la dinámica que llevan su nombre -las Leyes de Newton-, el desarrollo del cálculo diferencial e integral, y el espectro de la luz.

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